NOTA DE LA RED VASCA ROJA/XARXA BASCA ROJA: Publicamos esta carta como demostración de que la represión por parte de España se ejerce no sólo sobre l@s vasc@s sino sobre todas las naciones oprimidas bajo su férula.
Carta de Mireia Comas de Barcelona enviada a los periódicos (difundida por
COMUNISTES de CATALUNYA)
Sr. Director:
El viernes día 20 de noviembre estaba fotografiando una manifestación en Sabadell para un trabajo que estoy realizando sobre «movilizaciones sociales» en el instituto d’Estudis Fotogràfics de Catalunya. Cuando me encontraba haciendo fotos, de golpe fui detenida violentamente y sin decirme, ni leerme mis derechos, fui conducida hacia la comisaria de Sabadell.
Allí me dijeron que les entregara el carrete fotográfico, sé que es ilegal que te lo quiten y me negué a entregarlo. Seguidamente me hicieron entrar en una habitación donde rodeada de ocho antidisturbios y policías nacionales me empezaron a pegar hasta quitarme la cámara. Me esposaron y siguieron abofeteándome y golpeándome durante un buen rato.
Me gustaría poder expresar mis sentimientos actuales y mi malestar general, pero es indescriptible.
Me gustaría que todos/as aquellos que estuvieron abofeteándome y humillándome se sintieran como yo y supieran realmente que cada golpe, cada puñetazo a una persona esposada, encerrada y rodeada de miradas asesinas vestidas con uniforme azul, que siempre había pensado que eran personas que luchaban para defender a los y las ciudadanas y nunca había imaginado o creído eso de que eran cuerpos represivos –cosa que ahora si me he dado cuenta-, no sin sólo dolor, sino que van mucho más allá.
Cada patada, cada puñetazo te llega hasta el fondo del corazón y te preguntas quién es quién, quién permite y esconde esas cosas, para qué existen las leyes y los derechos humanos, por qué la gente no se mueve delante de esas cosas, por qué todo sigue igual como si no pasara nada.
Te preguntas también donde esta la libertad de expresión, cada puñetazo te hace pensar en los derechos que cualquier persona humana tiene, cada vez que te aplastan la cabeza contra el suelo te hace pensar en lo insignificativo que eres delante el poder del estado, te das cuenta que no puedes hacer nada y ellos pueden hacer lo que quieran.
Pero eso no es todo, ya hace unos días de todo esto y me encuentro interiormente rota, tengo mareos, crisis nerviosas y no puedo concentrarme.
Ahora todos dicen que pedirán explicaciones para que no vuelva a pasar, pero yo no quiero palabras, ¡quiero la seguridad de que no volverá a pasar ni a mí ni a nadie!
¿Por qué las injusticias son tan pronto olvidadas e ignoradas?
Mireia Comas. Barcelona.